Juan de Peralta
El autor
El nombre del autor “Iohan de Peralta” se inscribe, en tipografía gótica tradicional, en lugar destacado en la parte superior derecha de la tabla, a la altura misma de la cabeza de San Cristóbal y hacia donde éste mira. Llama la atención, por lo poco habitual que resulta en pintura antigua, no ya que el nombre del pintor siquiera aparezca, sino que lo haga de forma tan aparente en lugar tan destacado. Llama también la atención que el tamaño de la inscripción con el nombre del autor sea sensiblemente superior, por unos dos centímetros, a los caracteres de las líneas de la leyenda al pie del cuadro.
Este hecho nos lleva a hacer algunas suposiciones, como que la razón de situar en ese preciso lugar y con semejante tamaño la inscripción, hubiera sido pactado previamente, bien a la hora de realizar el encargo y negociar la cantidad de maravedíes a pagar por la obra, o bien a la conclusión de esta, pues puede suponerse que, ocupar la firma de Peralta posición tan relevante, y ser ello admitido por quien realiza el encargo, diera a la obra mayor empaque, al ser, ya entonces, en 1431, Juan de Peralta, Maestro de Sigüenza, pintor de reconocido prestigio.
Poco se sabe de este extraordinario pintor español, activo durante la primera mitad del siglo XV, salvo el conocimiento que se tiene de su obra conocida y que fue el mejor exponente del gótico internacional y su principal impulsor en tierras castellanas, merced a lo cual recibió encargos de las más altas jerarquías de la Iglesia y la nobleza de su tiempo. Actualmente su legado cuenta con exposición en El Museo del Prado y museos del mayor prestigio, tanto en España (Museo Cerralbo, el Lázaro Galdiano, el de Bellas Artes de Sevilla…) como en el extranjero (Toledo Museum of Art, Ohio, EE.UU., Museo Nacional San Carlos de México), habiendo pasado sus cuadros por las mejores colecciones privadas y casas de subastas europeas.
Pero no sólo su biografía es una incógnita, también lo es su identidad misma, pues iniciada la controversia hace ya cuarenta años (Eric Young, revista Apollo, enero 1981 - ver el artículo completo), todavía hoy se debate si las divergencias en su legado artístico se deben a la lógica evolución, a lo largo de los años, de su estilo pictórico y al hecho de firmar con distintos nombres, o variaciones del mismo, o si realmente se trata de dos autores distintos a los que debe atribuirse la obra:
Juan Hispalense, autor del Tríptico de la Virgen con el niño y ángeles músicos, del Museo Lázaro Galdiano, o
Juan de Peralta, autor del Martirio de San Sebastián, procedente de la Ermita de San Sebastián, en Montuenga (Soria), actualmente en el Museo Cerralbo.
Existen asimismo obras no firmadas que se atribuyen a Juan de Sevilla, “Maestro de Sigüenza” (C.R. Post 1933), como el Retablo de San Juan Bautista y Santa Catalina, pintado para la Catedral de Sigüenza y actualmente expuesto en el Museo del Prado.
Tal vez sean las tesis de Gudiol y de Heriard Dubreuil, frente a las de Eric Young, las que haya que volver a considerar a la vista de la mejor perspectiva que el tiempo trascurrido nos ha podido brindar para el estudio de su obra completa, o al menos de la conocida hasta ahora. Nos hallamos, posiblemente, ante la evolución artística de un único pintor, desde el más joven y primitivo Juan de Sevilla al más experimentado y expresivo Juan de Peralta, siendo ambos el mismo pintor castellano, de origen sevillano, que pintara o recibiera encargos para las próximas Sigüenza, Medinaceli, Soria, o incluso tierras de la Corona de Aragón, y rubricara de distinta forma a lo largo de su vida y obra o, a veces, ni tan siquiera lo hiciera.
Distintos nombres con los que ha firmado y se ha llegado a identificar al autor
Maestro de Sigüenza
Juan de Peralta
Iohan de Peralta
Johns Peraltis
Juan de Sevilla
Juan el Sevillano
Juan Hispalense
Johns Hispalensis
Johannes Hispalensis
Iohns Ispalensis
Iohns Ispalesis
“JUAN DE PERALTA. Se identifica con el llamado «maestro de Sigüenza». Este maestro, que se puede fechar hacia 1430-1440, se halla en dependencia estilística con los últimos ecos del estilo de Leví. Su nombre procede de los restos de un retablo conservado en la catedral de Sigüenza y de su complemento en el Museo del Prado. Hay en esta obra un sentido anecdótico, un profundismo y, sobre todo, una delicadeza y belleza rítmica de juego casi musical.
Las figuras son altas, las expresiones dulces y aniñadas, y una ingenuidad que responde más bien a la tradición del estilo internacional, llena de encanto estos paneles. Los colores son fuertes, de viva intensidad. Las expresiones, a veces son de gran vigor. El cuidado de los detalles nos ilustra sobre algunos aspectos de la vida en esta época, como ocurre en la Danza de Salomé, del Museo del Prado, donde la mesa del banquete se encuentra abastecida de viandas, cuchillos y accesorios, en tanto que músicos y coperos acompañan el baile de Salomé. Como se ha dicho, el canon es de altitud. El relieve, a veces fuerte y bien modelado. Gudiol publicó una tabla de gran interés iconográfico que representa a San Andrés v que se halla firmada por Juan de Peralta. Se encuentra en la Colección Schmit, de París. Y su relación con las obras del maestro de Sigüenza es indudable. Y en este caso tendríamos ya afirmada una nueva personalidad en nuestra pintura. Su arte, a juzgar por esta tabla, es de gran intensidad caracterológica, apurando la expresión facial. Su fecha coincide también con la de los cuadros de Sigüenza. Asimismo supone Gudiol que este maestro es el mismo que Juan Hispalensis, del que luego nos ocuparemos.” (Ref.: Summa Artis Vol. XXII, pág. 310-313)