San Cristóbal con el Niño
La obra

Composición

En el cuadro de Juan de Peralta, San Cristóbal se apoya con la mano derecha en una vara, o cetro, con forma de estrecho estípite de trece nudos, culminada por penacho de hojas verdes e inflorescencias blancas en su parte superior.

San Cristóbal es, sin duda, el personaje principal de la obra, y no sólo por ocupar una mayor superficie, si no por la viveza de la túnica escarlata que porta, la cual le hace destacar notablemente sobre el verde oscuro del fondo. Pero es el Niño Jesús quien mantiene el primer plano, situándose en una perfecta simetría respecto al eje central de la tabla y ocupando la parte superior de esta; es precisamente el Niño quien facilita la identificación fehaciente de San Cristóbal en conjunción con otro elemento característico, el río que cruzan, acentuado por las ondulaciones del agua y los cinco peces que nadan junto a sus pies.

Alzado, el Niño Cristo en Majestad, con la mano derecha bendice y con la izquierda sostiene un orbe real, sin cruz, la bola que representa el mundo cristiano, en una advocación del Pantocrátor encarnado en su infancia. Tal como se le vendrá representando en la iconografía cristiana durante siglos.

Bajo ellos, a los pies de San Cristóbal, ocupando un lugar muy poco predominante en la composición, un clérigo arrodillado, con las palmas de las manos unidas en ferviente devoción, eleva sus plegarias en un rezo que se hace tangible por las leves ondulaciones que surgen de su boca. No podemos descartar que esta figura sea un retrato del propio “clérigo y cura” que encargó la obra. No era esta una práctica desconocida, ya la hemos visto previamente en otros cuadros de Juan de Peralta, como en el Martirio de San Sebastián, pintado sólo dos años antes para la Ermita del santo en Montuenga (Soria), por encargo de Luis de la Cerda y Mendoza, III conde de Medinaceli, cuyas hijos, Gastón y María, aparecen orándole al santo en las esquinas inferior izquierda y derecha del cuadro.

Como claro exponente de estilo pictórico al que pertenecen por derecho propio tanto la obra como su autor, destaca la profusa atención al detalle que Peralta presta a los tres personajes del cuadro, en cuanto a sus gestos, expresiones y vestimenta, pero también en cuanto al entorno en el que estos evolucionan. El Gótico Internacional, tiende a ser naturalista en su representación del mundo: los animales, las plantas y los elementos de la vida cotidiana, son cuidadosa y fielmente reflejados, contando en muchas ocasiones con un contenido simbólico al que no se era ajeno en la época. Tal es el caso de los 5 peces que surcan el río. Es el dibujo del pez el símbolo críptico por excelencia del cristianismo, anterior incluso a la cruz, utilizado por los primeros cristianos para su identificación. Las letras que forman la palabra “pez” en griego, cuando se escriben en mayúscula (ΙΧΘΥΣ), forman un acrónimo con las iniciales de la expresión “Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador”, en griego antiguo Ἰησοῦς Χριστός, Θεοῦ ͑Υιός, Σωτήρ.


La novedosa técnica del enmarcado 3D

Sorprende una técnica pictórica muy poco conocida entonces, que utiliza aquí el autor, y que la utilizara también al pintar el San Lucas médico, del Museo del Prado.

Se trata del enmarcado tridimensional del cuadro merced al dibujo de una barras pintadas perimetralmente en tres tonalidades de rojo. Con ello consigue virtualmente el maestro un acertado efecto de relieve, ya que sobre el marco se embuten tanto la propia obra pictórica como la leyenda de abajo. Dicho efecto se acentúa doblemente. Por una parte, merced a la dualidad cromática que se establece entre el manto plisado del santo destacando el escarlata sobre el oscuro fondo verde viridián. Por otra parte, al observar al monje orante, superpuesto al marco, dando idea de que sobresale de la escena, de que no pertenece a ella y que, por no hacerlo, resulta un elemento anecdótico a la propia obra y posiblemente añadido con posterioridad a que la misma fuera terminada. Puede suponerse que a petición del cliente que la adeuda, el propio clérigo.

El hecho de que la tabla forme un arco rebajado a 32 centímetros de altura desde ambas esquinas superiores, nos hace pensar que la pintura fuera encastrada para hacerla formar parte de una “retro tabula” Lat. (retablo). Es muy posible, además, que el recorte fuera realizado con posterioridad a que la pintura estuviera terminada, pues la franja roja de 2 centímetros que recorre todo el perímetro de cuadro, sólo se ve interrumpido en sendas esquinas superiores, encontrando únicamente continuidad, en una franja central de unos 20 centímetros situada en la parte superior. Es muy posible que la pieza ornamental de madera que enmarcara la pintura estuviera tallada en bajo relieve y ricamente estofada en dorados.

Otra conjetura nos hace suponer que la tabla del San Cristóbal estuviera situada en la parte derecha del retablo, pues la orientación de los protagonistas de la composición es hacia la izquierda, ya que, si bien, San Cristóbal dirige su mirada, arriba a la derecha, al orbe que porta el Niño, sus pies, y su propio cuerpo, están orientados hacia la izquierda, indicando el sentido de marcha. Además, el Niño, aun sin ser el protagonista principal de la obra, sí que es el personaje de mayor consideración de la composición, y mira a la izquierda, hacia donde estaría situada la pieza central del tríptico o políptico.

San Lucas, médico, Museo del Prado

Vestimenta

San Cristóbal porta un rico manto o clámide, posiblemente de lana o cachemira teñido bicolor, de rojo intenso en su parte exterior y ocre en la interior, tal como se aprecia en los pliegues y dobleces por donde asoman las manos, así como en su parte inferior. Bajo esta capa ondula, hasta llegar a la altura de las rodillas, un paño o quitón de lino o algodón, de color crudo, cuidadosamente ribeteado en sus extremos a modo de greca con inscripciones que aparentan, sin serlo, anotaciones caligráficas árabes. En ambas prendas, clámide y quitón, consistía la más habitual vestimenta masculina en Asia Menor y Grecia, que después adoptarían los romanos, y que Juan de Peralta representa fielmente conforme al influjo bizantino en el que embebe a su personaje.

Tal como decimos, el color rojo encendido del manto de San Cristóbal potencia la relevancia que Peralta quiere dar al protagonista. La riqueza de la tela se evidencia precisamente en el color escarlata, siendo éste quien incluso da nombre al tejido: “paño de lana fina tundido, de gran valor”, el rojo intenso procedente de la quermés, el tinte más costoso de obtener en la Edad Media,

Como dato curioso, el estudioso de historia económica John H. Munro hace este comparativo sobre el guardarropa de Enrique VI de Inglaterra de 1438–1439, encontrando que «los escarlatas más baratos» del monarca habían costado más de catorce libras esterlinas de la época:

"Un maestro albañil, que por entonces ganara seis peniques al día, hubiese necesitado gastarse su salario completo durante 565 jornadas laborales (cerca de dos años y nueve meses) para comprarse una [prenda de escarlata]… En 1440, por esa misma suma de dinero, en el mercado de Amberes podrían haberse adquirido los siguientes bienes: aproximadamente 2.720 kilos de queso flamenco, 850 kilos de mantequilla, 22.000 arenques ahumados, 1.100 litros de vino del Rin de buena calidad.​"

«A master mason, then earning sixpence a day, would have had to spend his full wages for 565 workdays (about two years and nine months) to buy one… For that same amount of money in 1440, the following goods could have been purchased at the Antwerp market: approximately 2,720 kilos of Flemish cheese, or 850 kilos of butter, or 22,000 smoked red herrings or 1,100 litres of good quality Rhine wine.»

Llama la atención el pañuelo anudado en la cabeza de San Cristóbal, emulando un turbante, lo que evidencia la influencia oriental en el estilo pictórico al que la obra pertenece.

El Niño viste un dos-piezas de seda rosa compuesto de faldón plisado, por donde asoman los dedos de su pie izquierdo, y camisola lisa ricamente decorada con ribetes dorados en cuello y puños.

Por su parte el clérigo utiliza un hábito de tonalidades claras, abotonado hasta el cuello, con collarín y puños negros.

Reverso de la tabla de 174x82 cms.

Técnica y soporte: Pintura sobre tabla

La técnica empleada en la obra no era en absoluto nueva. La pintura al temple tal vez sea la técnica pictórica más antigua que se conozca. El uso combinado del agua, como disolvente del pigmento, y del temple, como aglutinante para fijar el color al soporte, ya era utilizado en las pinturas rupestres.

El temple o engrosador es, con total seguridad, la yema de huevo, técnica que aportó al tinte utilizado, además de un secado muy rápido, una gran persistencia y durabilidad sobre el soporte. Su aplicación en finas capas superpuestas concede, al pincel, una gran precisión en el trazo. Además, frente al uso de aglutinantes grasos, como el óleo, el temple al huevo nos permite disfrutar de los colores, por tonalidad, brillo y matiz y, tras las sucesivas restauraciones, de forma muy parecida a como estos fueron aplicados por el autor 600 años atrás.

Por su parte, la pintura sobre madera ya era conocida por la humanidad dos mil años antes del nacimiento de Cristo, con los textos de los sarcófagos egipcios del Primer Período Intermedio, previos a la profusa policromía con que se adornarían posteriormente.

Las tablas eran preparadas por el gremio de maestros carpinteros mediante un laborioso proceso consistentes en varias fases,

  • El corte, que incluía la tala, la obtención de los listones, su cepillado y la unión de estos mediante técnicas de encolado y enclavamiento.

  • El secado, que podía hacerse de forma artificial, al fuego, o natural, durante quinquenios, decenios e incluso quincenios. Cuanto mayor era el periodo de almacenaje y secado mayor era su coste.

  • El tratamiento y preparación de la tabla, mediante técnicas de ahumado e imprimación, con el doble objetivo de evitar, por una parte, la posterior proliferación de plagas de la madera, como hongos de pudrición y xilófagos (termitas y carcoma) y, por otra, facilitar el pintado y su fijación definitiva al soporte.

Fotografía en alta resolución

Tabla de San Cristóbal con el Niño
Fotografía a 118 megapixels y 300ppp