El encargo
Dícese claramente en la propia obra, lo que no admite lugar a dudas ni interpretaciones:
«Ita*obra*mando*fazer1*pero*gotieres*clerigo*e*cura*
de*calatahojar*agnor2*de*dios*e*de*señor*san*cristova
fazose1*en*el*anyo*del*señor*demil*y*cuatrocientos*y*treinta*un3*años*»
Que en castellano actual leeríamos hoy así:
«Esta obra la mando hacer1 Pero Gotieres, clérigo y cura
de Caltojar, devoto2 de Dios y del señor San Cristóbal.
Se hizo3 en el año del Señor de mil cuatrocientos treinta y un3 años»
* * *
“facer” & “fazose”, del castellano antiguo “fazer”, y éste del latín “facere”, “hacer”, significando “se hizo”.
Podemos entender “agnor”, como una vulgarización de su étimo latino “agnoscere” (“reconocer”, “creer”) y que bien podría traducirse del castellano antiguo como “el que reconoce” o “creyente”, o mejor aún, como “devoto”, “piadoso” o “pío”; “devoto de Dios y del señor San Cristóbal”, refiriéndose al clérigo y cura de Caltojar que mandó hacer la obra.
La tipografía de la fecha en que se realiza el encargo de la obra alterna escritura alfanumérica a conveniencia. Esto es “mil”, en letra; “iiii” como cuatrocientos; “xxx” como treinta; “un” en letra. Finalizando con el literal “años”, con eñe de “Señor”, a diferencia del anterior literal “anyo”, refiriéndose al año del Señor de 1431, en que se encarga la obra a Juan de Peralta.
N.del A. Como habrá podido apreciar el lector de esta web, existe actualmente una discordancia entre la fecha de encargo de la obra de 1431, señalada en esta web, y la reconocida por Alberto Velasco en su informe, la cual hace referencia al año 1434. Indicar que el grueso del estudio preliminar que me sirvió como base al diseño de esta web es anterior al informe de Velasco de fecha 26 de abril de 2022. Mientras resuelvo esta discordancia, con la realización por mi parte de un estudio caligráfico en profundidad, analizando inscripciones en esta y en otras obras del autor, y en la época, debe entenderse, en rigor, y atendiendo al mejor criterio de Alberto Velasco, la fecha de 1434 como la fecha cierta del encargo que debe ser reconocida.
El encargo de la obra fue realizado por Pero Gotieres, quien a la sazón fuera párroco de la Iglesia de San Miguel de Calatahojar. El nombre “Pero” corresponde a la variante de “Pedro” en aragonés antiguo, tal como podía ser “Pere” en catalán o “Peru” en euskera, y si bien no es un nombre habitual ahora, lo era más entonces, especialmente en la Corona de Aragón y provincias limítrofes, como es el caso. El apellido Gotieres se mantiene como tal, aún muy escasamente, principalmente en Sudamérica, y no debe confundirse con el coetáneo, antiguo y muy extendido apellido patronímico Gutiérrez, si bien, sí que pueden ambos derivar, desde un tronco etimológico común, a sendas formas castellanas de Gotier o Gutier, o incluso al francés Gauthier.
Era Calatahojar una pedanía al norte de Sigüenza, dependiente de su diócesis y distante de la misma un día a caballo, 51 kilómetros. Era obispo de Sigüenza el influyente cardenal Alfonso Carrillo de Albornoz, el cual, debido a sus más altos menesteres nunca llego a residir en su propia diócesis. Por ejemplo, en 1431, el mismo año en que el Maestro de Sigüenza pintaba el San Cristóbal, Alfonso Carrillo participaba en el cónclave cardenalicio por el que se elegía al papa Eugenio IV y, acto seguido, asistía al Concilio de Basilea, en el que ejercería poderosa influencia.
En aquellos tiempos la religión tenía un gran peso en la sociedad civil. Pervivía en los usos y costumbres de las gentes, en su cultura, en la forma que tenían de entender el mundo, la vida y la muerte, ya fuera por guerras, enfermedades o el hambre, aun inconclusa la Reconquista, a falta de ganar Granada, y por la peste, que aún remitiendo seguía latente.
Pero si la religión tenía una influencia incuestionable en la sociedad castellana de entonces, también lo tenía Castilla en la Cristiandad, aun con antelación al Descubrimiento, con su más importante cardenal, Alfonso Carrillo, cuyos pasos secundaría en Roma, sin solución de continuidad, el Obispo de Plasencia, Juan Carvajal.
En consecuencia, es fácil de entender, en ese escenario cotidiano de la Castilla rural, que el arte religioso, tanto en arquitectura, como en escultura o pintura, ocupara un lugar tan destacado y al que se destinaran grandes sumas.