La sociedad en 1431
La mejor manera de conocer nuestra historia es a través del arte y, de las artes, es la pintura antigua la que, de la forma más sublime, directa y aparente, nos transporta en el tiempo, captando el auténtico espíritu de las gentes, tanto de los autores como de sus personajes, y del espacio donde estos evolucionan, porque sólo comprendiendo nuestra historia somos capaces de entendernos a nosotros mismos.
Caltojar y la Iglesia de San Miguel
«Ita*obra*mando*fazer*pero*gotieres*clerigo*e*cura*de*calatahojar*…»
Fuera Pero Gotieres, clérigo y cura de Calatahojar, y lo sería, sin duda, de esta iglesia de San Miguel.
Caltojar, por aquel entonces Calatahojar o como su topónimo árabe indica Calat-Thagr, Fortaleza de la Frontera, era en el siglo XV una relevante población del Reino de Castilla, emplazada estratégicamente y equidistante entre Sigüenza, Medinaceli, Almazán, Soria, El Burgo de Osma y Atienza. Dista tan sólo a 11 kilómetros de la villa de Berlanga, a cuya Comarca y Tierras pertenecía.
Hubiera, o no, durante la dominación musulmana, un castillo o fortaleza en Caltojar que diera nombre a la localidad, en el centro geométrico de la población del Caltojar actual, como si de su mismo corazón se tratara, se yergue, desde hace ocho siglos, la Iglesia de San Miguel, principal y más característica joya arquitectónica del lugar.
Pertenece al estilo románico tardío, con influencias ya góticas y, en posteriores reformas, cistercienses, si bien su primitiva construcción date del siglo XIII. Fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1981. En ella destacan la suntuosidad de su portada meridional y los vestimentos exteriores de su ábside mayor.
Caltojar, Soria, Comarca de Berlanga
Iglesia y Sociedad
Las Iglesias no sólo eran espacios religiosos donde adoctrinar a feligreses en la fe. Aun con todo el auge con el que la religión católica floreciera tras siglos de dominio musulmán, las iglesias eran dentro de sus muros, pero también a sus puertas, centros de difusión cultural en una sociedad eminentemente analfabeta. En torno a iglesias y catedrales se desarrollarían urbanísticamente pueblos y ciudades, se alzarían lonjas y mercados, y sus plazas albergarían el bullicio de las poblaciones de la época, siendo lugares de paso obligado de juglares, goliardos, músicos y ministriles, donde tocar, recitar y representar relatos épicos, cantares de gesta y romances, bien fueran mantenidos en copias manuscritas o transmitidos por tradición oral, pues la primera imprenta no empezaría a funcionar en Segovia hasta el año 1472.
En la transición del medioevo al renacimiento, la sociedad de la época era profundamente religiosa, siendo notoria en ella la influencia de clérigos y monjas en la vida cotidiana del pueblo llano, pretendiendo condicionar su moralidad y costumbres. También era evidente la participación de altas jerarquías de la Iglesia, por supuesto del papado, en los principales centros de decisión política, haciendo valer la preponderancia del poder espiritual frente al terrenal y siendo pieza clave en la conformación de la nueva organización social y política castellanas. Pero todo el clero, no únicamente las más altas instancias de la Iglesia, disfrutaba de una posición privilegiada. El clero en general estaba exento de tributar; era socialmente reconocido; en los planes de las familias pudientes estaba colocar a hijos no primogénitos, e hijas no casaderas, en conventos, monasterios o abadías y, comparativamente, disfrutaba de un elevado nivel cultural, como lo fueran en literatura, desde dos siglos atrás y hasta el mismo siglo XV, los representantes del mester de clerecía.
Monarquía y forma de gobierno en la primera mitad del siglo XV
El año en que se encargó el cuadro justo acababa de finalizar la guerra que enfrentó a los reinos de Castilla y Aragón durante dos años. Así, el 16 de julio de 1430 se firmaba el armisticio conocido como Las Treguas de Majano, acuerdo que supuso la constatación de la derrota de Alfonso V de Aragón, el Magnánimo, ante su primo y cuñado Juan II de Castilla y, con ello la consiguiente expulsión de los Infantes de tierras de Castilla. Las hostilidades, no obstante, no acabarían hasta transcurridos cinco años, con la Concordia de Toledo.
Fue aquella, época de intrigas palaciegas, pactos, casamientos de conveniencia, traiciones e, incluso secuestros e intentos fallidos de golpes de estado, de batallas, paces y concordias, tanto en Castilla y León, Aragón y Navarra, como allende el Mediterráneo, en tierras francesas e italianas; pero la inestabilidad política no preocupaba tanto al vulgo como las hambrunas y epidemias, apenas olvidado el trágico recuerdo de la peste negra.
La maltrecha agricultura, mal mecanizada, de bastos eriales, climatología adversa y explotación del campesinado, daba paso, en la Castilla rural, al auge de la ganadería trashumante ovina y, en la Castilla urbana, al comercio. Un floreciente comercio que miraba al norte, hacía Flandes, y al este, hacia el Mediterráneo, con la exportación de lana y textiles y la importación de sedas y especias, y merced al cual se abrirían amplias vías de intercambio también en lo artístico, de Castilla con Europa, a través de los reinos de Navarra y Aragón. Fueron ahí, los grupos privilegiados de la nobleza, la burguesía y el clero, los auténticos catalizadores que hicieron que dicho enriquecimiento, en lo económico, pero también en lo cultural, fuera posible.
Europa de guerras y hambrunas
El 30 de mayo de 1431 fue capturada, y poco después juzgada y ejecutada en Rouen, Normandía, Juana de Arco, heroína francesa de la Guerra de los Cien Años, que enfrentaría en cruentas batallas, desde 1337 hasta 1453, a los reinos de Inglaterra y Francia.
Durante 1437 y 1438 las hambrunas asolarían buena parte de ambos países durante tanto tiempo en conflicto, pero también al Sacro Imperio Romano Germánico.
Cuando no fueron las guerras fueron las condiciones climáticas, sequías u olas de frío intenso y duradero, las que provocaron muertes por millares, diezmando la población, como en el periodo conocido como “Los años hambrientos”, de 1432 a 1434, que asolaron tierras checas.
Desde mediados del siglo XIV la peste, no sólo en Castilla y todos reinos peninsulares sino en Europa entera, había impactado en todas las clases sociales, empobreciendo a las pudientes y arruinando a la plebe, pero sus consecuencias no serían sólo económicas y demográficas. La “muerte negra” condicionó todas las facetas de la sociedad medieval y postmedieval, desde las humanidades y el arte hasta las costumbres, la religión o la política, y seguiría impactando puntualmente, en sucesivas epidemias, durante los siguientes tres siglos.
No obstante, tras las grandes desgracias del siglo XIV, la peste, los conflictos y el hambre, comenzará en Europa, conforme avanza el siglo XV, un periodo de recuperación económica que será terreno abonado para el florecimiento cultural y el renacimiento artístico.
Los Medici, banqueros, reyes y duques, extenderán desde Florencia su poder, mecenazgo e influencia financiera y cultural a Italia y a los principales centros de decisión europeos durante los siguientes tres siglos.
En la Península Ibérica, la realidad política es muy distinta a la del resto de Europa. Las monarquías son sólidas y no rinden pleitesía a ningún otro poder en el orden terrenal, como es el caso del Sacro Imperio Romano Germánico. Por extensión, diversidad cultural y linaje real, Castilla juega un papel preponderante en la Europa del siglo XV. De ello queda constancia en el anteriormente mencionado Concilio de Basilea (1431), al que asisten representantes de todos los reinos cristianos con objeto de encontrar una solución al cisma ortodoxo y de tomar conciencia de la amenaza que supone el avance turcomano sobre el Egeo.
Caída de Constantinopla por los otomanos.
Ilustración de las Crónicas de Carlos VII, 1453.
Es éste el escenario político, religioso, artístico y social en el que le tocó vivir al autor, Juan de Peralta, del que no sería ajeno ni él mismo, ni su obra, San Cristóbal con el Niño, ni tampoco quien se la encargará o aquellos que la admiraran donde inicialmente fuera expuesta.